Déjame decirte una cosa. Algo que probablemente no te hayan dicho nunca, que escapa de los horizontes de tu imaginación, percepción o de cualquier atisbo de adivinación. Algo que huye corriendo de tu instinto perdiendo un zapato a medio camino. Algo que puede que no quieras oír o que lo desees con todas tus fuerzas, tanto centrípetas como centrífugas. Puede erizarte hasta el poro de piel que envuelve la punta de tu dedo meñique del pie izquierdo. O todo lo contrario y sumergirte aún más en tu agonía por tu paz y sosiego interior. Y quien dice sosiego puede decir indiferencia o falta de empatía. O no. O sí. Ahora sí. Ahora no.
Esto (que junto con 'eso' y 'aquel' forma el conjunto de los pronombres demostrativos) que quiero decirte no es azul ni verde ni si quiera azul verdoso, pero puedo asegurar casi al cien por cien que tiene una saturación del 90% y que si te pones unas gafas de visión 3D lo ves igual pero te sientes un poco más idiota por haber desperdiciado el dinero de un tinto en un trozo de plástico. Lo que necesito decirte un jueves a las 1:57 de la mañana no tiene plumas pero a veces enseña un ala y ni si quiera con eso estoy segura de si te sonará de haberlo leído en un libro o en una revista de esas de la sala de espera del dentista o si ni si quiera te has fijado en ello cuando ha pasado por delante de tu diminuta nariz cual estrella fugaz. Puede parecer misterioso pero en realidad es lo más nimio del mundo. O no. O sí. Ahora sí. Ahora no.
Lo que sí que tengo claro es que quiero que cuando te lo diga te electrices. Que se electrice tu estómago, tu intestino delgado y si no es mucho pedir, el grueso también; que se electrice tu lóbulo frontal y que tu faringe se contraiga al ritmo de un solo de Brian May. Quiero que lo que quiero decirte, con tantas cúes, te haga soñar, que es una de mis palabras favoritas. Pero esta vez y sin que sirva de precedente quiero que sea un sueño de esos de almohada, de los que se suelen olvidar en cuanto amanece tu iris al lado del sol, al son de un 'Tic Tac' o de esa canción que antes de ponerla como tono de despertador te encantaba pero que luego acabas detestando. Son ya las 2:10 y aún no te he dicho que si lo que quiero que me dejes decirte no logra ninguno de esos efectos en ti, un tornado arrasará todo bicho viviente de la humanidad. O no. O sí. Es decir, que cojas la moneda esa que asoma por debajo del sofá y elijas si quieres seguir en la burbuja del vaso medio lleno o si prefieres nadar en la copa semi vacía. Si te duele la espalda tanto como para agacharte a por ella no pasa nada. Nunca pasa. Quizá es debido a esa horizontalidad aparente de los días el que nuca pase nada y que por tanto ahora yo tenga tantas cosas que decirte. Ah no, es sólo una esta vez: Me está empezando a gustar el pimiento rojo.
GENIAL.
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