Aunque tu pelo esté lacio y seco. Aunque tus orejas parezcan un conjunto de meandros sin orden. Aunque tu nariz me recuerde a los pájaros de Hitchcock y tu boca sea un boquete sin sentido dentro de lo que debería ser un armonioso y simétrico rostro. Aunque tus brazos simulen a los trozos de trapo que cuelgan de un espantapájaros y tu ombligo me recuerde a un fruto seco cuyo nombre no recuerdo. Aunque tus piernas te hagan parecer un fantoche y tus tobillos sirvan como anclaje de las cuerdas que te convierten en marioneta. Aunque tu vientre sea lo contrario al desierto de Arizona y tus codos estén tan secos como el mismo. Aunque tus rodillas tengan una forma peculiar y tu cuello te asemeje a un animal salvaje. Aunque tu espalda cuando arquea se asimile a la dentadura quebradiza de un cocodrilo. A pesar de todas esas cosas, tu mano encaja perfectamente con la mía.
Menos mal, porque es lo único que me importa.
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